Por qué bailar sana
Movimiento, emoción y origen
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En los movimientos de la salsa vive la identidad de las culturas caribeñas — marcadas por la herencia africana y europea y, más tarde, por las culturas indígenas de América. Para ello no hace falta ser latina o latino: estos movimientos sientan bien. Cualquier persona puede transmitirlos. Lo único importante es aprender a dejar entrar esas emociones — eso le hace bien al ánimo y a la salud.
Como sociólogo, Horacio está convencido: todas las personas son iguales, pero nos socializamos de forma distinta — según lo que hayamos aprendido en nuestra cultura de origen. Algunas culturas limitan mucho al individuo, sobre todo las culturas modernas de los países muy desarrollados. Allí, la socialización, el contacto físico y la expresión emocional han cambiado con el tiempo para aumentar el rendimiento económico de cada persona. Eso ha aislado a la gente, ha debilitado la cohesión social y, al final, ha aumentado la productividad a costa del bienestar personal. Por eso bailar sana el cuerpo y el alma.
Dos cosas que marcan la enseñanza
Roles, no géneros
En las clases de Horacio no se habla de «hombre» y «mujer», sino de leader y follower. Cualquiera puede elegir cualquiera de los dos roles — solo que no a la vez. Lo único importante es que al bailar una persona guíe y la otra siga. Lo más bonito es saber hacer ambos.
Nadie es un caso perdido
En tres décadas, Horacio ha acompañado a innumerables personas que habían abandonado en otras escuelas. Quien quiere, aprende a bailar — aunque creas que tienes dos pies izquierdos.
Los efectos positivos del baile
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«Bailar puede sanarnos — no porque elimine el dolor, sino porque nos devuelve al presente y nos reconcilia con la vida.»
«Al bailar, el sistema nervioso se activa como una orquesta: las áreas del equilibrio, la memoria, la emoción y la creatividad empiezan a tocar juntas, y de esa armonía nace una sensación de bienestar.»
«Cuando bailas, el cerebro libera emociones.»
— Dra. Nazareth Castellanos, neurocientífica